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| Aire cálido de abril |
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| Poco a poco, sin hacer mucho ruido, la primavera se nos ha colado en casa. Unos han sentido el golpe de luz que nos ha devuelto el calor a los huesos y se han librado del gris en la ropa y en la cara. Otros han ido más allá y se han pasado al colorado, especialmente en la nariz y los ojos; por supuesto, el polen ha ayudado en esto. Se dice que hay algunos a los que no les gusta esta época del año. Yo admito, al igual que admito mis dos o tres debilidades, que no soy de esos, aun afectado por la alergia como soy y estoy. Sarna con gusto no pica, me dirán, pero sí hace llorar al menos sensiblero. La gente me ve pasar por la calle y se pregunta que dónde iré con el corazón roto... No, señores, no soy especialmente romántico. Se murmura por ahí que soy algo prosaico; no sabría decirlo, pero verdad es que la última poesía que leí fue la que me devolvió el sueño tras meses de insomnio. No le canto al amor (con su permiso, prefiero no perder el tiempo en palabras y hacerlo directamente) ni envío flores en mis cartas (no me caben en el móvil y no sé meterlas en el ordenador, ¿o es que hay otros sistemas de correo?). Ni siquiera me enamoro al ver los pájaros cantar en sus nidos; imagino maliciosamente que lo que ahora es una pareja feliz en no mucho tendrá la casa llena de cabezones que exigen a gritos su trozo de gusano, y, qué quieren que les diga, se me quitan las ganas. Mas insisto, a pesar de todo eso me gusta la primavera, y de la primavera me gusta abril. Sí, más que mayo y que junio, con todo lo que tienen de tiempo agradable, florido y escasez de ropa en las chicas que me cruzo. |
Claro que cada mes tiene su encanto personal y sus peculiaridades: su día de las cruces, su feria... Incluso marzo, bien mirado, tiene su aquel, los primeros coletazos de aire cálido que te sugieren que hay algo mejor esperando a la vuelta de la esquina. Las esperas, bien llevadas, son casi tan placenteras como el momento de la acción...
Si están pensando en la feria de abril, olvídense. Sin animadversión particular por ningún sevillano, al menos con nombre y apellidos, Sevilla no forma parte de mis pasiones. Hay quien me dijo que son prejuicios, y yo le respondí que efectivamente lo eran. Mi pedacito de boquerón se rebela y grita que como la Semana Santa en la calle Larios no hay nada; hombre, escuchar la saeta del miércoles por la noche es también digno de ver y vivir.
Claro está que las fiestas, laicas o eclesiásticas, le dan encanto a mi mes. Son una parte más del total, digamos subjetivamente un diez por cien. |
Si me gusta abril es por algunos detalles que por pequeños que sean han llenado partes grandes de mi vida. Creo que no soy el primero al que le pasa esto; en el fondo soy optimista y veo que todo cobra sentido por unos segundos. Imagínate un día, sentado en la escalera del patio. La tarde es perezosa, cuesta trabajo moverse entre el silencio de la siesta y el murmullo de los gorriones. Un soplo de aire cálido te alborota el vello de los brazos, que caen sobre tus rodillas sin la mínima intención de moverse. Tu mirada está absorta en los pliegues del muro encalado, por donde se resbalan los rayos de sol y juegan al escondite inglés las moscas. Respiras hondo, obligándote en un esfuerzo importante, con la recompensa de sentir un aroma dulce por los poros de tu piel. Intentarás concentrarte, pero será una tarea imposible, pues tu mente querrá aprovechar al máximo esta plácida embriaguez que por un instante te eleva sobre normas y preocupaciones. Todas estas sensaciones tienen fecha de caducidad, y así debe ser. No podemos vivir siempre en estado de gracia, aunque nos gustaría, por supuesto. Antes o después nos levantaremos, pondremos los pies en el suelo y la rutina continuará. Pero, si habéis pasado por ahí, nada volverá a ser como antes. Como un baño en el Ganges, algo interior te dice que el mundo tiene un color diferente. Esto
puede ser adictivo, os aviso. Una adicción cruel por lo breve.
Yo lo sobrellevo como puedo, y es que tengo mis trucos. Mi abril te ofrece
el ensueño del día y la promesa de la noche, que tampoco
hay que despreciar. De hecho, con vuestro permiso os dejaré aquí;
tengo algo que me espera y toda una noche para buscarlo. |
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El
jardín de Castila, zona de estudio.
El
Carmen de los Gatos, 11 de abril de 2006 a las 11:45 a.m. |
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| *Aire cálido de abril, Alameda. Letra y versión MP3. | ||